Nuestra sombra
La sombra, ese término psicológico que tanto se ha puesto de moda y que la mayoría dicen trabajar, pero la realidad es no es así, leen cuatro artículos de Internet y creen reconocer que es, de donde viene o como pueden combatirla para que desaparezca y les deje de entorpecer su existencia en esta vida. Realmente la sombra es el lado oculto de nuestra psique, según Jung, es el lado oscuro de nuestra personalidad y además de nuestra propia sombra individual, arrastramos una sombra familiar y otra colectiva.
Todo ser humano tiene dos caras o dos sombras: la exterior que es lo que vemos a simple vista o que aparentamos a los demás como ser bondadosos o nobles, es la que mostramos al mundo para ser aceptados pero que lejos de la realidad es una visión distorsionada de nosotros mismos, y la interior, esa que está en una dimensión oculta y reprimida, la que contiene esos instintos heredados que no queremos dejar salir porque nos avergonzamos o nos dan miedo, nos han educado con la idea de que estos instintos son malos e incumple la ética y la moral de nuestra sociedad, están mal vistos y terminan creando una confrontación entre nuestro yo consciente y el inconsciente lo que crea frustraciones, miedos, inseguridades o rencores.
Cuando reprimimos estos instintos se convierten en nuestra sombra creando ese aspecto inconsciente de la personalidad que en la mayoría de los casos crea una disociación de la conciencia creando rasgos en la personalidad y el yo consciente que no reconocemos como nuestros, se podría decir que la sombra es la parte más oscura de nuestra alma, el rasgo oscuro que proyectamos de nuestra psique. La sombra suele proyectar ataques a otras personas en las cuales vemos reflejados nuestros defectos, limitaciones, pecados o deseos ocultos y la realidad es que este ataque es debido a que somos el reflejo de todo aquello que hemos condenado o juzgado en nosotros mismos que vemos reflejados en los demás porque nuestro yo consciente no los acepta como suyos.
Cuando esto ocurre y de forma automática utilizamos mecanismos de defensa de la proyección, esas estrategias psicológicas inconscientes que utilizamos para poder seguir manteniendo el equilibrio interior. Con este mecanismo de defensa conseguimos alejar nuestra sombra, pero solo por un tiempo ya que lo que hacemos es volver a esconderla en nuestro interior. Durante ese tiempo mantenemos ese ideal de cómo tenemos que ser o como debemos comportarnos para no distanciarnos de nuestro círculo de relaciones, tanto cercano como lejano, además durante ese tiempo que permanece escondida nos liberamos de tener que estar intentando controlarla pero aunque aparentemente creas que la has desterrado, realmente ella sigue en tu inconsciente reprimida luchando por salir con mucha más fuerza, porque la sombra más destructiva y peligrosa es aquella que reprimimos, es aquella que de no sacarla e integrarla nos provocará perturbaciones mentales como neurosis o psicosis.
Normalmente la sombra siempre se desarrolla en la infancia según las experiencias que vivimos a través de nuestro aprendizaje social, donde nos educan para que vayamos despojándonos de esas conductas o ideales que nuestros padres o educadores creen que no son adecuadas para nosotros. Cuando un niño en edad de aprendizaje social se le inculcan que ciertos pensamientos son malos en vez de dejar que fluyan para que aprendan, lo estamos educando en el miedo lo que hace que esa sombra quede afianzada en su interior eliminando su capacidad de disfrutar de su experiencia interna de aprendizaje. La sombra es una parte del inconsciente de nuestro ego que desterramos mientras desarrollamos nuestra personalidad, con el paso del tiempo seguirá luchando por hacerse oír y salir de ese lugar donde la hemos metido, se camuflará a través de la ansiedad, la angustia, miedo, culpa o tristeza y no va a desaparecer hasta que no aceptemos su existencia, hasta que no comprendamos que no toda sombra es mala, que también tiene cualidades que pueden sernos de gran utilidad. Un ejemplo sería cuando nos vemos en una situación de peligro, nuestra sombra pasará por encima de nuestro yo consciente y tomará el mando de nuestras acciones o decisiones como instinto de supervivencia, por eso cuando negamos nuestra sombra, estamos negando esa otra parte de nosotros.
Hay que entender que el ser humano es dual, somos como el yin y el yang, somos luz y oscuridad, a veces somos bondadosos y otras maliciosos, pero lo que hay que recalcar es que para que todo funcione ha de existir un equilibrio (en nosotros, en la vida, en el universo...), porque de no hacerlo las cosas no funcionarán como deberían, cuando no aceptamos e integramos nuestra sombra, nosotros mismos somos quienes creamos nuestro mayor enemigo y lo que nos molesta de los demás en realidad es lo que realmente odiamos de nosotros mismos. Si vamos un poco más allá, además de nuestra sombra personal o individual, existen sombras colectivas que suelen pertenecer a ciertos grupos sociales con las que nos sentimos identificados como son las sectas, religiones o partidos políticos y en las que nos vemos involucrados ya que intentamos justificar lo que hacemos como ellos justifican sus acciones violentas o negativas como actos de fe o por un bien más grande que nosotros mismos.
El mayor consejo que os puedo dar es que esto no es una lucha porque nunca habrá un claro ganador, la sombra es algo que trabajaremos durante toda la vida así que paciencia, lo más importante es aceptarnos tal y como somos para poder integrar nuestra sombra como algo normal, para hacerla consciente en nuestra personalidad y así poder encontrar ese equilibrio que no tenemos para dirigirnos en busca de nuestra propia felicidad. Nuestro bienestar emocional, psicológico y crecimiento personal dependerá de que estas sombras internas puedan ver la luz junto a ti como algo normal, en ese momento dejarás de luchar contra ellas y la angustia desaparecerá.
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